Mi humilde destino

Me encontraba solitario por aquella senda y vi pasar a un anciano que me miraba atentamente. Yo lo miré. Sin mediar palabra, el anciano continuó por su camino hasta desaparecer. Al cabo del tiempo, me di cuenta que aquél anciano del sendero era mi vejez. Así es como llegué a entender el mensaje que aquél anciano me lanzó: “te ves solo en el camino y acabas el trayecto solo, así es la vida”.

-EL POETA INCOMPRENDIDO-