Carta al recuerdo

En el momento de la integración de los sentimientos de pérdida, nuestro ser no deja de recurrir al recuerdo. Me refiero a la pérdida de un ser querido con el cual has compartido un periodo limitado de tiempo, tanto si ha sido extenso como intenso. Esa coyuntura temporal queda marcada con fuego en nuestra memoria como se marca a la res. Es, por tanto, apropiado pensar que los sentimientos florecientes son causados, no por el sentimiento presente que te ofrece la situación -que también-, sino por el recuerdo y, por tanto, la sapiencia de la desconexión del recuerdo de ese ser preciado. Podría llegar a simplificar que el dolor de la pérdida es simple efecto del recuerdo y de la concienciación de la imposibilidad de construcción de nuevos recuerdos con ese ser, pero dejaría de lado gran cantidad de factores que afectan en estas distintas y diversas situaciones de pérdida y, por tanto, dejaría de ser exacto. Aún así, no pretendo buscar esa exactitud, simplemente intento buscar una pequeña explicación mínimamente racional al dolor que siente el corazón tras la marcha del ser querido. Es esta una ardua tarea en lo emotivo de la situación, simplemente diré que el recuerdo es algo muy importante y, sobretodo, personal, llegando a acariciar la subjetividad. Por ese hecho, debe ser respetado y fomentado por el colectivo. Solo con la agrupación de recuerdos individuales llegaremos a entender quien somos. Como modo de conclusión o recomendación, simplemente decir a mis lectores -si es que los tengo- que muchas veces, a causa de mi trastorno, no logro mantener los recuerdos y los pensamientos y, por ese motivo, tiendo a olvidar las situaciones agradables y vivir encerrado en la tristeza, o mejor dicho, en el vacío constante. Así pues, simplemente, daros las gracias por vuestra lectura y recomendar la plasmación de vuestros sentimientos y recuerdos en un papel o en algún lugar donde se mantenga para la posteridad.

Gracias a todos por ser quienes sois.

-EL POETA INCOMPRENDIDO-